Obras públicas: Herencia

¿QUÉ HEMOS HEREDADO DE LA CIVILIZACIÓN ROMANA?

Dentro de todas las cosas que los Romanos descubrieron e inventaron existen muchas que hasta nuestra época han perdurado, he aquí algunos aportes de esta antigua civilización.


El cemento
Los romanos eran muy buenos constructores, ellos fueron los que inventaron el cemento. El uso del cemento les permitió construir edificios muy grandes, construcción que sólo los egipcios habían podido hacer.

Los arcos
Dentro de la arquitectura los romanos integraron "los arcos" como un nuevo elemento para obtener edificios aun más grandes. Para hacer los arcos, los romanos usaban la madera, y los construían igual como se hace ahora. La madera se doblaba en forma del arco para luego colocar los ladrillos sobre él y se pegaban con cemento. Al secarse, se solidificaban los ladrillos sobre los arcos y al quitar la madera, quedaba el arco. Se podían construir un arco sobre otro, pero había que hacer primero una hilera de arcos para colocar los que le seguían. De ésta manera, se pudieron hacer edificios más altos.

Técnicas quirúrgicas en la medicina
La mayoría de los conocimientos en materia de medicina la adquirieron los Romanos de los Griegos, y crearon su propia escuela médica en Roma. 
Los mejores doctores eran los del ejército romano, los llamaban "medicus", mientras que los hospitales especializados del ejército los llamaban "valetudinarium". Los "medicus" usaban técnicas quirúrgicas avanzadas al tratar heridas de los soldados, y estaban capacitados para eliminar órganos infectados y amputar miembros.

Los acueductos
Un elemento que jugó un papel muy importante en la cultura Romana fue el agua, de hecho su uso en los diversos ámbitos culturales de la época del imperio romano, influyendo en la salud de muchos pueblos conquistado.

Los acueductos fueron una invención romana, éstos eran canales largos de piedras que permitían movilizar el agua de un lugar a otro. El suministro de agua era necesario para los desagües y los baños públicos en ciudades y pueblos. El agua se utilizaba también para la propulsión de ruedas hidráulicas que movían cadenas e impulsaba la maquinaria.

Los romanos aprovecharon los manantiales de aguas térmicas para diversas terapias, porque fue una cultura que se ocupó también de la medicina, esto los hizo ser buenos doctores para la época en que vivieron.

Los sistemas de distribución de agua en el imperio romano pertenecen a una época que va del año 300 antes de Cristo al siglo XVII. Muchos de los acueductos construidos para transportar el agua eran verdaderamente avanzados. Los Romanos eran maestros en el arte de la construcción y la administración, le daban tal importancia al agua que eran capaces de construir acueductos tan grandes que llevaban agua a una ciudad de un millón de habitantes, desde una distancia de hasta 90 Km.

Pero lo más importante era que sus ingenieros estaban preparados para seleccionar el agua. Separaban el agua de alta calidad, usada para beber y cocinar, del agua que serviría para regar o limpiar. Curiosamente, hoy en día, en la mayor parte del mundo aún no se separa el agua conforme a su calidad, de manera que la que se utiliza para descargar el inodoro es la misma que la que se usa para beber.

¿Cómo funcionaban los acueductos?

Los acueductos eran canales construidos con cemento a prueba de agua, cubiertos con losas de piedra. Manteniendo una inclinación constante respecto al suelo, transportaban hasta la ciudad el agua que recogían de las colinas circundantes. Para que el agua tomara presión se almacenaba en grandes depósitos construidos junto a los manantiales.

El desnivel del terreno se compensaba alzando puentes de dos e incluso tres arcadas en piedra, ladrillo o cemento. Cuando el agua llegaba al centro de Roma abastecía las fuentes y edificios públicos -especialmente las termas- por medio de cañerías de plomo, terracota o madera. Los romanos destinaban una gran parte del erario al mantenimiento de estas instalaciones para garantizar el abastecimiento constante de agua fresca y limpia.


Curiosidad: Las lavanderías de los Romanos usaban la orina para blanquear la tela. Para recolectar la orina, se colocaban ollas grandes fuera de las puertas donde las personas podían orinar.